El agua como punto de encuentro para una nueva forma de construir ciudad

agosto, 2026
Una iniciativa ambiental que reúne a distintos actores para recuperar el arroyo Carrasco y transformar su vínculo con la ciudad.

Durante mucho tiempo, el arroyo Carrasco estuvo formando parte del paisaje cotidiano de una zona que no dejó de transformarse. A su alrededor crecieron barrios, viviendas y nuevos proyectos, entre ellos, los impulsados por desarrolladores como Kopel Sánchez. Del otro lado, el agua siguió llevando consigo una historia menos visible: residuos, contaminación y años de reclamos de quienes viven cerca. Una biobarda industrial instalada en el cauce permite contener los residuos sólidos que llegan desde distintos puntos de la cuenca antes de que continúen hacia el Río de la Plata. En sus primeros seis meses de funcionamiento, el sistema permitió retirar 120.000 kilos de basura. Más allá del volumen, que por sí solo dimensiona la magnitud del desafío, el dato muestra el valor de intervenir sobre un problema que durante años parecía difícil de abordar desde un único lugar.

Una respuesta construida entre varios

La iniciativa es impulsada por la Fundación Alianza Uruguaya por el Agua y se desarrolla mediante un trabajo coordinado con las intendencias de Montevideo y Canelones. También cuenta con el respaldo de empresas y desarrolladores inmobiliarios de la zona, entre ellos Kopel Sánchez y Campiglia, además de otros actores que acompañan el proyecto. Para Kopel Sánchez, involucrarse en iniciativas de este tipo forma parte de una manera de entender el desarrollo: los proyectos no existen aislados de los lugares donde se construyen. Crecen dentro de una ciudad, comparten sus espacios y también participan de sus desafíos. En ese sentido, el cuidado del entorno deja de ser una cuestión complementaria para convertirse en parte de una conversación más amplia sobre cómo queremos que evolucione Montevideo y su área metropolitana. La biobarda representa una intervención concreta. Una estructura capaz de contener varias toneladas de residuos permite interceptar aquello que antes seguía el curso del agua sin control y facilitar su posterior retiro, pero el verdadero desafío comienza después.

Imagen: Joaquín Ormando, El Observador

Lo que cuenta la basura

Una heladera. Un calefón. Una botella. Un juguete. Una valija. Cada objeto que queda retenido habla a su manera de un recorrido que empezó mucho antes de llegar al arroyo. La acumulación que aparece sobre la red no es solamente un problema del agua, es el reflejo de hábitos, infraestructura y situaciones que se fueron construyendo alrededor de la cuenca. Por eso, retirar los residuos es apenas una parte de la solución, el objetivo es que la intervención no sea un hecho aislado, sino el comienzo de un sistema de trabajo sostenido.

Un primer paso, no un punto de llegada

El arroyo Carrasco tiene una problemática ambiental que excede a los residuos sólidos. Los vecinos han señalado históricamente los olores y otras formas de contaminación, mientras que las autoridades trabajan sobre diferentes factores que afectan la calidad del agua. Por eso, la próxima etapa apunta también a intervenir sobre otros elementos del ecosistema. Entre las acciones previstas se encuentra la incorporación de una “cosechadora anfibia” para retirar camalotes y vegetación acuática que pueden favorecer la acumulación de residuos y contribuir a los malos olores durante los meses de mayor temperatura. La lógica es avanzar por etapas, entendiendo que recuperar un curso de agua requiere continuidad y una mirada que vaya más allá de una única intervención. Y ahí aparece quizás uno de los aspectos más interesantes de esta experiencia, su potencial de futuro. En una zona que continúa transformándose, proyectos como Ventura Tower Carrasco, de Kopel Sánchez, se integran a un entorno que también busca mejorar y recuperar sus espacios naturales. El desafío está en que ese crecimiento pueda acompañarse de acciones que contribuyan a preservar y poner en valor aquello que forma parte de la identidad del lugar. Si una iniciativa que comenzó como una respuesta concreta a un problema local consigue sostenerse y generar resultados, también puede convertirse en una referencia para otros cursos de agua de Montevideo y el área metropolitana.

Construir también es pensar en lo que permanece

El desarrollo de una ciudad no se mide únicamente por lo que aparece en ella, sino también por la capacidad de cuidar aquello que ya estaba. El arroyo Carrasco es parte de la historia de esta zona y al mismo tiempo, de su futuro. Recuperarlo implica pensar en los barrios que lo rodean, en quienes los habitan hoy y en quienes los habitarán mañana. La participación de organizaciones, gobiernos, empresas, desarrolladores como Kopel Sánchez y comunidades muestra que algunos de los desafíos urbanos más importantes no tienen una única respuesta ni un único responsable, porque construir ciudad también significa preguntarse qué entorno queremos dejar cuando la ciudad siga creciendo.